Aunque en mi vida este no ha sido mi primer camping en el que he estado, sí que es el que elegimos para estrenar nuestra caravana.
Pero antes de nada, es justo que en esta primera entrada del blog nos presentemos un poco y os pongamos en antecedentes.
Nuestra familia la componen 5 miembros, de los cuáles 4 somos humanos y 1 perrito, siendo de mayor a menor Manuel (Papá), María (Mamá), Carmen y Jimena (Hijas) y nuestro perro Chopi.
Siendo el que escribe Manuel, aprovechando para saludaros a todos y desearos que disfrutéis tanto como nosotros lo hacemos.
Pues bien el único que tenia experiencia en campings era yo y además en tienda de campaña, eso de las caravanas era un mundo para mi, estando por cierto bastante orgulloso de mi tienda de campaña y todo lo que le montaba, aunque eso da para otro post a parte…
La cosa es que un día mi familia probó el camping (derivado todo de aquella pandemia maldita que ya parece que se difumina en el recuerdo) y quedaron encantados, siendo yo el que más disfrutó por cierto.
El caso es que después de varias salidas y experiencias, decidimos comprarnos una caravana, siendo éste un mundo totalmente desconocido para mi, el que haya dado el mismo paso que yo me entenderá, puesto que no es lo mismo cargar el coche hasta que se pueda y tirar millas que preparar un remolque, mirando pesos y su distribución, viendo las mejores rutas para ir con un remolque, mirar el peso que puede llevar mi vehículo, etc…
El caso es que después de mirar varias caravanas y presupuestos, nos compramos una Caravelier Alba family 496 y viviendo por aquel entonces en Madrid decidimos probarla en un sitio relativamente cerca y nos decantamos por el camping de El Escorial.
Nos dieron la Caravana un viernes, que nos pedimos libre los dos y mientras las niñas estaban en el cole la recogimos y la llevamos a nuestro parking de caravanas, llenos de ilusión y con ganas de estrenarla, no se como describir de forma fidedigna los sentimientos que teníamos en ese momento, pero se podría decir que de una ilusión inusitada y bastante emoción.
El caso es que recogimos a las niñas y fuimos al parking a por la caravana, cuando la recogimos empezaron las “incidencias”.
La primera de todas fue que no nos habían apretado bien un tornillo de la pata de la caravana, por lo que tuve que apretarlo bien porque no subía la pata, pero bueno eso fue una incidencia menor, el principal problema para nosotros ese día fue que los retrovisores que nos dieron, no éramos capaces de acomplar bien la goma por lo que se nos salía y caía el retrovisor, estuvimos un buen rato hasta que pudimos poner los dos retrovisores de una forma que pensamos que iba a aguantar. Qué equivocados estábamos, puesto que nada más coger la M 40, un viernes a las 18:30 se nos suelta la goma del retrovisor derecho y nosotros con todo el tráfico, sin poder parar en ningún lado y atascados no nos quedó más solución que María bajara la ventanilla y sujetara el retrovisor con la mano, tirándose así hasta que llegamos 2 horas después. Porque esa es otra, mi primera vez con caravana y metidos en un buen atasco como sólo Madrid sabe hacer, si ya es difícil cambiar de carril imaginaros con un remolque de 6,5 metros y 1300 kg por primera vez, así que cuando llegamos al camping, eran las 20:45 y bien entrada la noche, estando nuestros nervios un poco ya a flor de piel.
Al llegar y pasar por el control, nos fuimos a la zona de acampada a poner nuestra caravana por primera vez de acampada, momento histórico para nosotros.
Una vez con la caravana aposentada con sus patas y bien nivelada (o eso esperaba yo) nos dispusimos a meter agua y sorpresa nuestra no encontrábamos ningún embudo (1 año mas tarde lo encontré entre los papeles de la caravana), por lo que intentamos meter el agua a pelo, tirando mas de la que entraba, por lo que ante tal situación unos vecinos se apiadaron de nosotros y nos dejaron el suyo, recomendándonos que compráramos uno de los que suelen vender para echar el gasoil en los coches y recortarle la manguera para que fuera más corta, utensilios que seguimos usando a día de hoy y que le agradezco a esos vecinos su apoyo y ayuda en nuestros primeros días de caravana.
Después de solventar los problemas logísticos nos dispusimos a dormir por primera vez en nuestra casita con ruedas, teniendo una noche bastante buena y sin pasar frío a pesar de ser octubre en la sierra de Madrid, llegando incluso a pensar si no nos habíamos enterado bien y la caravana tenía calefacción, cosa que ya os digo que no.
Como describir ese primer despertar en nuestra nueva casa, a los que venimos de tienda, el hecho de dormir en una cama de verdad es un lujo asiático, eso y disponer de tu propio cuarto de baño, que aunque en este camping están muy limpios y bien, siempre se agradece esa intimidad.
Nada mas levantarnos y asearnos en la caravana, salimos fuera para desayunar tomando un café y unas tostadas que nos sentaron a gloria, con esa tranquilidad y paz que nos daba la caravana y nuestro porche.
Las niñas no dejaban de jugar y de pasarlo en grande por lo que para todos fue un fin de semana espectacular, con la salvedad de que nuestro perrito se puso malo con la tos de las perreras y lo pasó un poco mal.
La vuelta a casa transcurrió sin incidentes reseñables, simplemente que fuimos sin unos de los espejos retrovisores que no fuimos capaces de poner.
Después de esta retahíla para introducirnos y para que entendáis un poco nuestras características y forma de ver la vida paso a describir el camping.
De instalaciones generales no está mal en la zona de acampada, ojo me refiero a lo que son los baños, algo anticuados pero limpios y funcionales, lo que pasa es que este camping cada vez se está centrando mas en fijos y en bungalows y cada vez tienen mas abandonada y acortada la zona de acampada, por lo que es verdad que en ese aspecto el camping adolece de dejadez, cosa que resarce con creces con las instalaciones de ocio que tiene.
Desde piscinas con toboganes, climatizadas, de nado, para peques, pistas de patinaje, de deportes, sala para los peques donde organizan actividades, el super está bastante bien, puestos con helados, el bar está muy bien y también tienen un cine de verano que vas con tus sillas y puedes ver la película.
De precio para mi gusto por lo que te dan a la zona de acampada es un poco caro, puesto que si vas en temporada baja te cuesta lo mismo y encima de otras veces que he ido para mí que había menos potencia eléctrica.
Mi consejo es que siempre os pongáis en la zona de acampada más cercana al parking de caravanas que tienen, porque me parece que los enchufes van mejor ahí, pero eso es una opinión personal que no he podido contrastar con la suficiente exactitud.
En mi opinión el camping merece la pena ir, en cualquier parte del año, pero en verano por supuesto muchísimo mas, aunque en otoño en plena sierra de Madrid y en El Escorial, el marco es espectacular para pasar unos días tranquilos.
Espero no haberos aburrido mucho y si habéis llegado hasta aquí muchas gracias por leerme, seguiré subiendo entradas y por favor ponedme lo que os ha parecido.
Nos vemos por la carretera.
¡Un saludo a todos!
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